El agua mineral
·Magazine nº18, Abril del 2007.
·Sección: Artículos de Interés - Categoría: Nutrición

Autor: E. Rodríguez

Somos lo que bebemos

¿Cuál es la diferencia entre el agua del grifo y la que compramos embotellada? ¿Son minerales todas las aguas embotelladas? ¿Y sus propiedades? ¿Sirven a mi cuerpo por igual?

En una sociedad cada vez más volcada en el cuidado del cuerpo y la vida sana, estas preguntas cobran vital importancia porque el agua ha dejado de ser el líquido elemento que sacia la sed y se ha convertido en un producto (más de 300 marcas en el mercado) de suma importancia en las dietas y en la percepción de vida equilibrada.

Según la FAO y la OMS, aunque ciertas aguas minerales puedan resultar útiles para proporcionar los micronutrientes esenciales, como el calcio, no existe ninguna pauta que indique las concentraciones mínimas recomendadas de minerales. Existe asimismo incertidumbre sobre la aportación adicional de minerales del agua embotellada respecto al agua del grifo, ya que ambas contienen minerales. Sin embargo, el marketing de las aguas minerales se sostiene precisamente en su pureza.

El agua mineral se diferencia de cualquier otra por su procedencia y niveles de mineralización: procede de manantiales subterráneos protegidos, y su riqueza en minerales propios (no añadidos artificialmente) no es nunca inferior a 250 partes por millón. Además, se embotella en el propio manantial y está libre de microbios patógenos. En los establecimientos podemos encontrar éstas, pero también las “potables preparadas” sometidas a tratamiento, las de manantial, agua de abastecimiento público preparada... La clave está en las etiquetas.

Debemos reparar sobre todo en el dato del residuo fijo o la cantidad de sales minerales disueltas en un litro de agua. El abanico va desde las ligeramente mineralizadas a las ricas en sales. Los niveles más bajos de residuos implican grandes efectos diuréticos.

Por un lado encontramos, las aguas cloruradas: ricas en sodio y utilizadas frecuentemente en balnearios e hidroterapia. Se recomiendan para problemas de obesidad, reuma, vesícula biliar o anemia y se caracteriza por su ligero sabor salado. Sin embargo, para las personas con afecciones cardíacas o hipertensas hay que cuidar que el líquido tenga un bajo contenido en sodio. El sodio favorece la retención de líquidos, provocando que un corazón delicado sea incapaz de eliminarlos sin el apoyo de medicamentos.

Para consumo diario se imponen las aguas con niveles bajos en sales y por tanto más equilibrada. Las aguas de débil mineralización fomentan el buen funcionamiento del riñón y son adecuadas en general para los ancianos, las personas con cálculos renales, y para la preparación de comidas para bebés( Font Vella, Solán de Cabras y Evian). Para la práctica del deporte y la alta exposición al calor se recomienda pasar a las aguas de mineralización media, ya que el sudor acabará con las sales del organismo. En cuanto a las aguas de alta mineralización, se recomiendan para las afecciones en el estómago (Vichy Catalán).

Las aguas ferruginosas (Lanjarón) pueden ayudar en la lucha contra ciertas anemias y además tonificar la piel. Finalmente, las aguas bicarbonatadas estimulan la digestión y agilizan los organismos que queman pocas grasas o hígados poco activos (Perrier).

Las aguas minerales son por tanto muy beneficiosas y es la base de nuestro organismo, aunque no debe abusarse de ellas, ya que pueden producirse serias bajadas de sodio en la sangre. Como todo, exige un consumo responsable.


Optimizado para Internet Explorer 6 / Mozilla Firefox 1.5 ó superiores a 1024x768
©2008 Esta web y su contenido es propiedad de Electromedicarin S.A.
Conozca nuestra: Política de privacidad y nota legal