Las estadísticas más actualizadas sitúan la esperanza de vida en España en unos niveles más que aceptables: 83,7 años en mujeres y 77,3 para el sexo masculino. Pero el objetivo al que debemos aspirar no debe ceñirse únicamente a añadir años de existencia sino a sumar la máxima calidad de vida a dichos años, y eso sólo se consigue envejeciendo con salud.
Aunque es imposible evitar que con el paso de los años se vaya produciendo una disminución de la adaptación y la eficacia a de los distintos órganos aparatos y sistemas que configuran el organismo humano, existen una serie de claves fundamentales para lograr llegar a la etapa madura de nuestras vidas en las mejores condiciones posibles: llevar unos hábitos de vida saludables, sobre todo en lo que respecta a la alimentación, controlar el estrés y mantener un nivel aceptable de actividad física e intelectual.
Pero aunque sabemos que practicando una vida sana y recurriendo a los extraordinarios avances que, constantemente, se están produciendo el ámbito de la medicina, la psicología, la fisioterapia y la fisioestética la vejez no tiene por que ser una etapa caracterizada por las restricciones, las privaciones y el sufrimiento derivado del deterioro físico y mental, muchos de nosotros tenemos miedo a envejecer.
¿Por qué huimos del envejecimiento? Básicamente porque la cultura occidental, sobre todo a través de los medios de comunicación como la publicidad, la televisión y el cine, tiende a exaltar a la juventud, lo que lleva, como poco, a desplazar a las personas mayores a un puesto secundario, cuando no a marginarlos o rechazarlos directamente.
En la sociedad globalizada que, queramos o no, nos toca transitar a todos los valores que se han impuesto son la ambición, el dinamismo, la competitividad, la fuerza, el riesgo, la belleza física etc, y lo peor es que, de manera equivocada, tendemos a asociar todas estas características únicamente con la adolescencia o la juventud.
En realidad, suele ser más negativa la imagen pública o social de las personas mayores que la personal ya que, aunque suene paradójico, en el fondo todos deseamos hacernos viejos, puesto que sabemos que sólo una indeseable muerte prematura puede impedirnos disfrutar de la tercera edad.
De cualquier modo, tampoco debemos considerar negativo el tratar de paliar o retrasar las consecuencias del paso del tiempo en nuestro cuerpo, como pueden ser las arrugas, la pérdida de musculatura facial, los problemas de sobrepeso, las cicatrices originadas como consecuencia de intervenciones quirúgicas, etc.
Por el contrario, siempre que no llegue a convertirse en una obsesión, el cuidado de nuestro físico y el intento por parecer más jóvenes puede ayudarnos a sentirnos bien con nosotros mismos, lo que redundará, sin duda, en que nos encontremos mentalmente en forma y, por lo tanto, más felices. Como dice el psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno “la peor vejez es la del espíritu”.
BIBLIOGRAFÍA