La ansiedad es uno de los fenómenos psicológicos más extendidos en el mundo de hoy. Se trata de una patología asociada a un modo de vida donde no queda espacio para tomarse tiempo a la hora de hacer las cosas y de afrontar situaciones.
La ansiedad es una patología que puede ser el germen de otras más graves como la depresión, y de hecho se ramifica en dos manifestaciones fundamentales: la ansiedad depresiva y la hiperactiva. La primera se origina por estados crónicos de cansancio, sensibilidad extrema y falta de interés por lo que ocurre, mientras que la hiperactiva se asocia a un exceso de actividad y agitación.
La ansiedad se manifiesta pues en forma de inseguridad, inquietud, impaciencia o miedo, y sus consecuencias pueden ser tanto físicas como psicológicas. Un cuadro de ansiedad depresiva puede derivar en una facilidad para la fatiga o la irritabilidad, y en lo físico puede generar alteraciones del sueño, tensión muscular o cefaleas constantes. La hiperactiva por su parte puede generar dificultades en la respiración, taquicardias o nerviosismo. Algunos casos extremos de ansiedad pueden requerir tratamiento psiquiátrico pero en general puede atajarse con terapia psicológica (antes de que desemboque en patología) y una buena prevención en cuanto empiezan a manifestarse los primeros síntomas.
Para ello, en primer lugar habría que descartar que el origen de la ansiedad sea orgánico, es decir, que no surja a raíz de otra patología, que sería entonces lo que habría que atajar. Una vez definido su origen psicológico, hay que observar al organismo, si manifiesta los síntomas citados u otros relacionados, como malestar gastrointestinal continuo, mareos o hiperventilación.
Entonces conviene poner atención en el sueño, ya que en ocasiones la ansiedad puede surgir a raíz de la falta de sueño o la irregularidad del mismo. Conviene establecer un horario mínimo y unas condiciones adecuadas, como una buena cama y las garantías de silencio y tranquilidad necesarias. También conviene regular el estilo de vida sedentario asociado a los trabajos modernos, tratando de equilibrar el tiempo dedicado a estas tareas con el tiempo dedicado al ejercicio físico aeróbico o a actividades de relajación muscular y calma espiritual como el tai-chi o el yoga, que devuelven equilibrio al organismo. Los momentos de socialización y ocio ayudan igualmente a mejorar la perspectiva sobre los problemas que pueden desencadenarla.
También se recomienda afrontar la resolución de problemas con tranquilidad, sin anticipación o exceso de celo, ya que además, la ansiedad por resolverlos genera aún más ansiedad e inseguridad. Junto a esto, resulta importante adoptar hábitos de vida sanos, como una dieta equilibrada, un consumo moderado de cafeína y alcohol, y sobre todo, tratar de evitar la ingesta de sustancias como la nicotina y otros estupefacientes.
Cuando el problema persiste, se recomienda acudir a terapia psicológica, donde se entrena al paciente en la observación y corrección de sus pensamientos y excesos, adquiriendo herramientas y habilidades para solucionar problemas sin generar un trastorno para el organismo. Además, otras terapias ayudan a identificar los pensamientos negativos o a interpretar la realidad desde un punto de vista constructivo.
Antes de acudir a herramientas de dependencia como los ansiolíticos o los somníferos, la medicina tradicional y la fitoterapia recomiendan ciertos complementos energéticos a base de vitaminas, minerales y plantas que complementan la terapia psicológica y el ejercicio. Así, plantas tan conocidas como la tila, la pasiflora o la melisa permiten afrontar estados de ansiedad difíciles de controlar.