Con la llegada del calor se hace imprescindible acertar con el desodorante adecuado para hacer frente a las altas temperaturas y salir airosamente de situaciones donde el exceso de sudor da paso a una estela de mal olor.
La elección del desodorante adecuado no es un asunto baladí, y aspectos como la condición física, el tipo de actividad que se desempeñe o las modalidades de uso (aroma o neutro, barra o vaporizado) influyen de manera determinante en una buena resultado final. Es importante tener en cuenta que la transpiración es necesaria, y que sudar es un proceso natural de depuración del organismo que se produce cuando se descompone materia orgánica que, al evaporarse, genera el temido olor. Esta purificación permite al organismo mantener una temperatura adecuada, aunque sus consecuencias deben mantenerse a raya el mayor tiempo posible.
Antes de entrar en la tipología de productos, conviene resaltar la importancia de la higiene diaria. Un desodorante pierde totalmente su efectividad si la axila no está debidamente lavada con agua y jabón. Una vez aclarado este punto, una de las bases para elegir el mejor desodorante es saber distinguir entre un desodorante transpirante o antitranspirante. Este último evita la sudoración mientras que los transpirantes actúan fundamentalmente como refrescantes y aromáticos, sin bloquear el poro.
En segundo lugar, debemos considerar nuestra altura y peso, ya que una persona delgada, con poca grasa acumulada, tendrá menos toxinas que depurar y su olor al sudar será menos intenso. Para estas personas se recomiendan fragancias suaves y sin alcohol. Pueden usarse fórmulas naturales sin riesgo, y puede aplicarse en forma de roll-on o barra. Sin embargo, incluso con una complexión delgada, si el modo de vida es estresado e implica un movimiento constante, conviene decantarse por fórmulas más fuertes y antitranspirantes, aunque debe cuidarse el cambiar regularmente de marca y fórmula, ya que un uso prolongado de estos productos pueden generar irritación en las axilas (el alcohol es antiséptico, pero su acción agresiva).
Quienes tengan una piel sensible, deben asegurarse de adquirir desodorantes hipoalergénicos y sin alcohol (tienden a irritar la piel); si es posible, de cosmética natural y especialmente los llamados “cristalinos”, que se caracterizan por estar compuestos esencialmente por una sustancia llamada alumbre, que a diferencia del Clorhidrato de Aluminio o Zirconio de Aluminio (componentes que se encuentran en muchos desodorantes "comunes o comerciales") no es absorbida por nuestra piel, y por tanto resulta inocua para pieles sensibles.
En el mercado encontraremos fundamentalmente desodorantes en forma de spray y de roll-on. El spray debe aplicarse a unos 20 centímetros del cuerpo y puede utilizarse en diferentes partes, no solo en las axilas. El stick y el roll-on son más cómodos y transportables, se aplican directamente sobre la piel y su efectividad es más alta, ya que la emulsión es fluida y además provoca sensación de frescura. También existen desodorantes en forma de gel o crema, que son más duraderos en tiempo, aunque corren el riesgo de deshacerse en momentos de intenso calor.
Para los hombres, su naturaleza hormonal requiere de desodorantes de fragancia neutra y alta efectividad, y tanto para hombres como para mujeres se recomienda que elijan siempre marcas reconocidas y con garantías.