El Gingko biloba es una de las especies de árboles más antiguas sobre la tierra (los científicos encuentran sus raíces en el período terciario, es decir, hace más de 60 millones de años). En la actualidad, y desde hace milenos, crece en China, Corea y otras regiones del Lejano Oriente y América del Norte. Fueron precisamente los chinos los primeros que descubrieron y aplicaron las propiedades contenidas en su hoja a su rica medicina tradicional por sus numerosas propiedades curativas.
La explotación de la hoja verde del Gingko para tratar diferentes afecciones ha hecho que su cultivo se haya extendido por regiones como Francia, Argentina o Uruguay, ya que es capaz de crecer en climas diversos. Fundamentalmente, en su hoja se encuentran flavonoides en forma de ginkgoloides y heterósidos, con una capacidad de acción sobre la circulación sanguínea y el sistema vascular en general, que ha sido contrastada científicamente por diversos estudios concluyentes. Específicamente, tomar el extracto de su hoja en gotas o comprimidos puede actuar sobre los síntomas de la claudicación intermitente, una enfermedad que provoca dolor en las extremidades inferiores por causa de una obstrucción arterial.
Gracias a esta misma acción vascular, el Ginkgo biloba posee una acción “antiagregante” que evita que las plaquetas tiendan a coagularse y provocar trombos en las arterias, además de frenar el riesgo de sufrir enfermedades del sistema inmunológico, como el asma o las alergias. Por eso, se utiliza como apoyo para afrontar desde crisis cardiovasculares a problemas de insuficiencia cerebral.
Si bien aún no ha sido contrastada científicamente su acción contra el Alzheimer, demencia senil y otras enfermedades mentales de difícil tratamiento y que requieren un activo neuro-protector (que mejore la producción de dopamina, noradrenalina y acetilcolina), existen evidencias de su efectividad, siempre y cuando su ingesta se complete con ejercicios mentales y otros tratamientos adicionales.
Más allá de estas patologías graves, el ginkgo se receta para mejorar el rendimiento cerebral en procesos de estudio o trabajo continuado porque actúa sobre la memoria y la actividad cerebral periférica, reduciendo los mareos y las tendencias depresivas. Esta capacidad para relajar los vasos sanguíneos acercó al Ginkgo a la homeopatía occidental, especialmente también por su acción de mejora de la circulación en los órganos sexuales. El extracto de hoja es capaz de aumentar los niveles de prostaglandinas y otros receptores que evitan la disfunción eréctil y mejoran la respuesta general del aparato reproductor.
Como complemento dietético, su extracto aporta importantes dosis de flavonoides, que le confieren propiedades antioxidantes y de protección celular, mientras que otros componentes se recetan como complemento homeopático para personas aquejadas de problemas de equilibrio e incluso de calambres. Su acción neuro-activadora también actúa sobre alteraciones de la visión, y en el mundo de la estética se ha introducido en tratamientos de mesoterapia para aliviar cuadros de estrés o como regenerador capilar, ya que la caída del cabello se relaciona en ocasiones con un riego deficitario.
El ginkgo biloba siempre debe tomarse bajo prescripción, ya que puede interferir en los efectos de otros tratamientos, como los recetados en procesos de diabetes o contra deficiencias de coagulación.