El sueño: el mejor tratamiento estético
·Magazine nº41, Junio del 2009.
·Sección: Artículos de Interés - Categoría: Estética y Salud

Autor: Fisioestética.com

Pasamos un tercio de la vida durmiendo y es que dormir es algo necesario para el bienestar físico y psíquico y también para cuidar y reparar la piel.

El sueño está ligado a la hormona melatonina, encargada de indicarle al organismo el momento de parar, descansar y dormir. Cuando oscurece, la glándula pineal, situada en el cerebro, empieza a producir melatonina, la hormona que induce al sueño, unas dos o tres horas después de empezar a fabricarse. El despertar se produce cuando hay luz, cesa la producción de melatonina y desaparece de la sangre. Casi simultáneamente, entre las 7 y las 8 de la mañana, empieza a segregarse el cortisol, conocida como hormona del despertar, y que el organismo necesita para metabolizar los hidratos de carbono, que son los que proporcionan energía para la actividad diurna. Por eso, todo funciona mejor si duermes de noche y estás despierto de día.

La melatonina es el antioxidante más potente que las vitaminas C y E, y previene el daño y la muerte celular, asegurando así la salud de los tejidos.

El sueño tiene grandes efectos sobre el organismo. Si se duerme bien, el cerebro descansa, tiene más capacidad de memoria y se obtiene más agilidad mental. Cuando no se ha dormido la noche anterior, se tienen problemas de irritabilidad, ansiedad y cambios de humor. Cuando una persona sueña con algo placentero, se producen ciertas reacciones fisiológicas: se eliminan sustancias y toxinas generadas por la fatiga y el cansancio mental; los músculos se relajan, y la circulación sanguínea y la respiración se vuelven más lentas. Sin embargo, cuando una persona tiene pesadillas, pueden generarse el efecto contrario, es decir: aceleración del ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial, acumulación de tensión muscular. La persona puede llegar a despertarse de manera brusca, llorando o sudando.

El sueño también ayuda a reponer fuerzas elaborando más proteínas y hormonas, además de generar más defensas ante las posibles enfermedades. Los médicos recomiendan dormir entre 7 y 8 horas diarias, así como una “siesta” de 20 minutos después de comer.

Por la noche la piel se recupera de las agresiones del día, dado que las células se oxigenan al máximo. Durante el descanso se respira mejor por lo que el oxígeno llega con más facilidad y en mayor concentración a las células. Si las células disponen de más oxígeno, activan su metabolismo, su capacidad de sobrevivir y de multiplicarse, lo que se traduce en un tejido sano y joven.

Antes de ir a dormir, también es importante que adquiramos unos hábitos de aseo que ayudarán a sacar el máximo partido a este sueño reparador. Dedicar unos minutos por la noche al cuidado facial es imprescindible para cuidar la dermis. Se aconseja que las personas incluyan estos minutos como una rutina más diaria como lo son la limpieza e hidratación diaria de la piel de todo el cuerpo.

Lo primero que se debe de hacer es limpiar la piel. Primero con un producto oleoso para retirar todas las impurezas liposolubles -grasa y maquillaje- y luego arrastrar todas las impurezas -células muertas, sudor o agentes contaminantes- con un gel jabonoso.

Los productos y tratamientos que a continuación se apliquen irán en función de la edad, el tipo de piel y el estado de la piel. Por ejemplo, se puede aplicar una crema de noche con propiedades antioxidantes que luchen contra los radicales libres -encargados del fotoenvejecimiento- y reafirmen para combatir la flacidez y disimular los poros dilatados.

Dos días a la semana se recomienda que la piel absorba los beneficios de una mascarilla que cierre los poros. El empleo de cremas de noche es siempre obligatorio. Imprescindible desde los 30 y muy aconsejable empezar entre los 18 y los 20 años. No se debe privar a la piel de los beneficios de las cremas de noche, pues actúan por partida doble, ya que gracias a la relajación total de la piel los principios activos penetran mejor en ella.

Según el Dr. Estivill “hay que empezar a prepararse para el sueño nada más levantarse”. Él recomienda evitar la ansiedad y el estrés durante el día haciendo pequeñas pausas de 10 minutos para respirar profundamente y realizar algún ejercicio; mantener un horario fijo para acostarse y levantarse; hacer ejercicio; tomar un baño caliente o realizar alguna actividad rutinaria antes.

BIBLIOGRAFÍA


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